El viaje comenzaba con una ilusión enorme y tremenda expectación. La guagua partió de Santo Domingo a las 11 y fueron horas largas e incómodas hasta que, tras una breve parada en la frontera, pude empezar a contemplar las primeras imágenes en vivo sobre Haití.La entrada al país es sencillamente espectacular con un lago de increíbles dimensiones que hace de antesala a un país que tiene pinta de ser realmente bello.

El cansancio del viaje hizo que inevitablemente me quedara dormido, pero me despertó una sacudida de la guagua debido a los enormes baches que hay en la carretera. Ante mí podía ver una casa de dos plantas con el balcón de arriba caído sobre la parte delantera. Casas como esa se repetían a lo largo del camino. Ya han pasado 2 semanas pero había muchas que no habían sido levantadas, y podía imaginarme que quien quedó dentro allí seguirá, en sus quehaceres habituales de su vida anterior, pero en un más allá lejano. A pesar de todo esto, Paloma me comentó que por lo menos ya se empezaba a ver más vida, y que los haitianos empiezan a hacerse cargo de la situación, pero se palpaba también que quedaba muchísimo por hacer y que la ayuda iba llegando, pero en pequeñas dosis.
Llegamos al campamento donde íbamos a realizar nuestra misión. Se trataba de una finca privada, situada en Leogane, lugar donde se produjo el epicentro del terremoto. Era un hospital privado llevado por monjas canadienses. Nuestra plataforma se instaló allí porque ellas necesitaban ayuda, pero ahora con el paso del tiempo, creo que están poco conformes con nuestra presencia .Ya sabíamos de la tremenda descoordinación de la plataforma con la que íbamos, pero no teníamos tan claro que pudiera llegar a níveles insospechados. Nada más llegar, el caos es palpable en el ambiente. Cientos de pacientes esperando a que se le la oportunidad de pasar por un doctor. Las consecuencias directas del terremoto ya han pasado, pero no se le puede negar la atención sanitaria a personas que han perdido no sólo sus bienes materiales, sino también a la mayor parte de sus familiares y ahora se enfrentan a la vida con la incertidumbre de saber que será de ellos.
La misión principal de la plataforma era la atención sanitaria de las consecuencias directas o indirectas del terremoto, pero este trabajo debe ser acompañado por personal que cuide del personal.Si las personas que tratan de ayudar no son cuidadas,la ayuda no se proporciona al 100%.
Nuestro almacén no sólo servía para nuestra propia manutención sino que teníamos a nuestro cargo a todas las comunidades de alrededor, por lo que recibíamos mucha comida para luego ser distribuida a otros lugares. Al llegar, había cajas en todos lados menos en el supuesto almacén, por lo que me decidí a organizarlo todo bien, y dar el apoyo logístico que yo iba buscando y que el campamento necesitaba. En un día había organizado todas las cajas, y ya se podía operar en mejores condiciones. Era consciente de que sanitariamente no podría ayudar mucho, pero sabía que las cajas iban a ser lo mío. En los días posteriores, me hice con el control total, y puse a los americanos que estaban allí por seguridad, a ayudarnos a descargar camiones y poder organizarlo todo mejor.
Incluso, tuve la ocasión de tener 2 camiones del ejército americano a mi cargo y unos cuantos marines para una misión que consistía en la búsqueda de más alimento para el campamento. Supuestamente, el lugar donde íbamos tenía alimentos en cantidad, pero al llegar allí sólo me pude encontrar con comida para bebe y además en principio no estaba destinada para nosotros. Al final, tras varias gestiones, una foto, y unos cuantos papeles me hice con quinientas cajas de potitos que iban a servir de alimento en las comunidades anexas a Leogane. Ante el éxito parcial de mi misión, me hice amigo de los soldados de la ONU de Sri Lanka y me acompañaron a otro campamento vecino, pero también buscaban alimentos como nosotros, por lo que solo pude volver con la comida de bebé.
El domingo, tuvimos la ocasión de visitar una de las comunidades cercanas y te dabas cuenta que cualquier barrio o cualquier comunidad había sido arrasada por el terremoto. No me quiero imaginar las aldeas situadas a kilómetros de allí en lo alto de esas enormes montañas.Allí la destrucción habrá llegado de igual manera, pero al estar tan lejos, la ayuda llegará en dosis aún mas pequeñas.A pesar de haberlo perdido todo, incluido su medio de trabajo, el panadero de la comunidad nos ofreció su casa y nos invitó a unos panes que hacían ellos por la visita que les hacíamos.En ocasiones, la humildad y hospitalidad llega a níveles que nos puede dejar desconcertados.La experiencia ha sido muy positiva.Las personas que conformaban el campamento han hecho que la experiencia llegara a ser excelente, pues todos los días aprendíamos cosas e intercambiábamos sensaciones con gente venida de todo el mundo.Esperamos poder seguir ayudando en la medida de nuestras posibilidades, y seguro que en próximas fechas estaremos por allí de nuevo.
Gracias a todos los que me leéis

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